Innovación ha dejado de ser una palabra particular y desconocida para converirse en una necesidad imperiosa y absoluta para las empresas que desean sobrevivir. En la actualidad, invertir en innovación es invertir en el futuro, si no se hace se pone en riesgo el futuro. Los probemas existentes en la sociedad, demandan de las empresas nuevas soluciones, aquellas que sean innovadoras y que satisfagan al cliente serán competitivas. Aquellas que no le apuesten a esta tendencia, están expuestas a no prosperar, a disminuir su capacidad de competencia y estarán condenadas a ser desplazadas.

Pero, qué es la innovación? La respuesta es simple, la innovación es un cambio que introduce novedades. Se presenta como la generación de una novedad técnica u organizacional en el proceso de producción, no simplemente el correspondiente invento, y consiste en renovar, cambiar, modificar, transmutar, corregir o rectificar. Innovación es todo eso, y muchas acciones más.

La innovación se nutre de varios elementos, uno de ellos es el I+D (investigación y desarrollo). El I+D, por sí solo, no constituye innovación. El proceso de investigación y desarrollo puede concluir en productos o servicios que no llegan al mercado o procesos que no son apreciados por el mercado. Si este es el caso, no existe innovación, es decir, en términos productivos, los resultados deben ser llevados al mercado para poder ser explotados comercialmente.

Sin embargo, el panorama de la inversión en I+D en latinoamerica no es alentador, en años anteriores, el Banco Mundial calificó la falta de innovación como una “debilidad flagrante” de la empresa latinoamericana. Pese a esto, en Colombia se ha demostrado el interés por potenciar la investigación y el desarrollo como una estrategia para enfrentar los retos de la globalización, generar empleo calificado, elevar la productividad y dinamizar las exportaciones. En esta línea, entidades como Colciencias y Bancoldex, entre otras, destinan rescursos para fondos públicos que financian proyectos de innovación tecnológica.

Los programas de apoyo implementados en Colombia para potencializar la materia, han tenido un impacto limitado. Los índices de competitividad a nivel externo no son los mejores, no hay complementariedad entre la innovación empresarial y los emprendimientos tecnológicos. Adicionalmente, los casos de éxito a nivel de emprendimiento e innovación de colombianos en el entorno internacional, no tienen la suficiente difusión a nivel local.

De acuerdo al índice de Competitividad Global, emitido por el Foro Económico Mundial para 2013-2014, Colombia ocupa el lugar 69 a nivel mundial y el 8 en Latinoamérica, lo que se considera como un lugar intermedio en el escalafón de competitividad de los países. Aunque las empresas reciben fondos de contrapartida para innovaciones productivas y hacen equipo con grupos de investigación y consultorías avalados por Colciencias, la participación de I+D en el PIB (Producto Interno Bruto) sigue muy por debajo de las recomendaciones de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico).

En cuestiones de innovación un intento no es suficiente, la frustración y los errores deben tomarse como oportunidades de aprendizaje y mejora. La innovación implica acciones de I+D a nivel privado y público que deben contribuir a la competividad internacional.

El reto para el sector público y privado es trabajar en equipo con todos los grupos de interés y apostar a la inversión de recursos en la materia.